Qué pintaba Pape Diop sobre el césped del Camp Nou a los 80 minutos, con 3-0 en el marcador y una tarjeta amarilla? ¿Intentar la remontada, quizá? Es comprensible que Héctor Cúper tenga terror a confiar el medio campo a la indolencia de Tziolis y Adrián, esos supuestos buenos peloteros que apenas tocan la pelota, pero hacía mucho que el partido estaba resuelto con la genialidad de Messi y el despiste que permitió marcar de cabeza a Xavi. El griego se fue a la ducha, Diop se quedó en el campo y el racinguismo con el alma en vilo cada vez que el senegalés se disponía a robar un balón por el riesgo de perderle frente al Espanyol.
Para bien o para mal, Diop es el alma de este Racing, los pulmones y hasta el criterio del juego, y hay que preservarlo hasta de su maldita costumbre de regalar tarjetas.
No hay más reproches que hacerle a Cúper. El susto que aventuraba propinar al Barça no se dio, porque para eso hay que jugar muy bien, no cometer ningún fallo y rezar para que Messi tenga la tarde tonta. Nada de eso se produjo ayer, pero el Racing salió ordenado y sin miedo, y cumplió el trámite con gran decoro.
Debutó Koné en una decisión sin riesgo, porque ni Stuani ni Ariel han dado todavía una nota. El marfileño mostró una mejor condición física que sus otros dos compañeros, el hambre de triunfo que corresponde a un futbolista de 19 años, y hasta puso en algún apurillo a Valdés. Así que esperamos verle más veces. Tiene tantas cualidades para ser titular como cualquiera.
La visita del Real Madrid olía a funeral en los muchos asientos vacíos de los Campos de Sport y al final resultó una fiesta de reencuentro entre la afición y el equipo. Un gran suspiro de alivio y un punto de ilusión después de 95 minutos de tensión y de coraje frente a la vulgar ‘galaxia’ blanca. Si no tenemos un equipo de calidad, por lo menos que demuestre vergüenza torera. Se gana, se pierde o se empata, pero ni un sonrojo más como del Calderón.
Lo mínimo es lo que vimos anoche: actitud, concentración, sacrificio, solidaridad. Tziolis se animó pronto a disparar a puerta, Francis y Christian acosaron a sus pares y hasta subieron un par de veces hasta la raya, Álvaro -un cacique en la zaga- le metió el cuerpo sin complejos a Benzema, como Bernardo a Cristiano, el chico guapo, rico y con ‘peineta’ que pasó tan desapercibido como sus compañeros, de no ser por los silbidos. Jairo le puso desparpajo, Diop se batió el cobre, Ariel y Stuani desaprovecharon alguna ocasión por su gran lentitud y Serrano probó la categoría de Casillas en la mejor ocasión del partido. Todos los demás dieron lo que tienen.
Fuera de la gran alegría de anoche, la situación es esperpéntica: Acosta no puede jugar tres partidos consecutivos por prescripción facultativa. Munitis, renqueante, quiso llegar pero sólo le alcanzó para un ratito. Arana se da cuatro carreritas en dos partidos y se rompe. Ahí entra Serrano, dos temporadas casi inédito por dos lesiones gravísimas. Colsa, operado en el verano, se acaba de incorporar al trabajo en grupo, Kennedy y Torrejón convalecen sin apuro. El campeonato acaba de empezar, pero el Racing no parece que venga de una cuidadosa pretemporada sino de la guerra del Vietnam. Lo peor es que este panorama ya se conocía y no se ha puesto remedio.
Ahora hay que tirar con lo que hay. El partido de anoche supone un plus de crédito para Héctor Cúper. Frente al Atlético no estuvo fino, pero ha sabido hacer cambios, recuperar el espíritu y mejorar la autoestima y el rendimiento del equipo en 72 horas. La experiencia y la presencia de ánimo del técnico argentino es un valor importante para este Racing tan precario. El domingo, otro examen en Gijón.
Si dejas un metro a un tipo como Falcao, te la arma seguro. Si a la hora de defender te quedas quieto a marcar con la mirada o vas al bulto, lo pagas caro. Si juegas a una velocidad (o dos) menos que el rival, ni la tocas. Si no creas una ocasión hasta el último minuto de la ‘basura’, estás muerto. En fin, esto es la Primera División del fútbol español y al Racing, el de ayer, le queda demasiado grande. No sólo frente al Atlético de Madrid, que aspira a estar arriba esta campaña, mucho menos frente al Real Madrid que viene el miércoles. Sencillamente, no alcanza el mínimo necesario para transitar un año por la categoría.
La defensa hizo aguas en el Calderón, mucho más que en Valencia, los jóvenes del centro y los talluditos de las bandas, pero es que los colchoneros llegaron en oleadas, tan fácil y tan frecuentemente, sin ninguna oposición, que los cuatro goles no alcanzan a reflejar la estratosférica diferencia vista en el campo. A lo mejor Tziolis y Adrián tienen mucha calidad en sus botas, pero la quieren al pie, no están hechos para la pelea. Hace falta en cualquier campo, más todavía fuera de casa, un plan más aguerrido que el que pueden presentar esta pareja, con Arana, Luque o Edu Bedia como acompañantes. ¿Quien iba a pensar que Diop era imprescindible? De los delanteros, Acosta y Stuani, lo mejor que se puede decir es que su orfandad de cuero y su distancia al área rival no permite todavía una evaluación demasiado cabal.
Se hace difícil mantener el tipo después de un mazazo como el recibido ayer, que no es la contundente derrota sino la constatación de una realidad muy precaria. El Racing es básicamente una mezcla de veteranos lesionados, convalecientes o fuera de forma, los Colsa, Torrejón, Munitis, Kennedy, Serrano, etc. y de jóvenes con escaso oficio todavía. Con ese material cuenta el argentino Héctor Cúper para construir un equipo de Primera. Menos mal que unos y otros sólo pueden mejorar.
Diez mil quinientos seguidores, según las cuentas un poco alegres del club, afrontaron la prueba de fuego del racinguismo en el estreno en los Campos de Sport de esta Liga más subordinada que nunca a la televisión y que tanto desprecia a los futboleros auténticos. ¿Poca gente? A las cuatro de la tarde de un domingo de verano, con Juanjo Cobo exhibiendo el maillot rojo por La Castellana, 10.500 aficionados sacrificaron la playa o la excursión, o el rito dominical del aperitivo y el almuerzo tardío con familiares o amigos y la Vuelta a España para estar con su equipo, intervenido judicialmente, en situación más que precaria y con tan pocas ilusiones que ofrecer, frente al modesto Levante. A mí me parece un ejército de héroes.
Sin sorpresas: muy poco fútbol y ningún gol. Un adelanto de lo que puede ser esta temporada. Con suerte, un equipo de oficio, mezcla de juventud y experiencia, para pelear en igualdad de condiciones con otra media docena por no quedarse entre los tres peores. Alguna esperanza y no pocas preocupaciones. No es para tirar cohetes, pero hay que subrayar el dato de mantener la puerta a cero. Salvando las distancias del rival, la joven zaga se mostró ayer bastante más concentrada. No esperamos menos de un entrenador de la experiencia de Cúper. De ahí para adelante, cuando el fútbol depende más del talento de cada cual, la cosa no está clara. El racinguismo saludó con alivio el buen rendimiento de Diop, el mejor sobre el campo, atrás y adelante, en recorrido y buen criterio con el balón. Pero Diop no lo puede hacer todo. Cuando se tuvo que ir, un poco por el rigor del árbitro y otro por su conocida ingenuidad, el Racing estuvo a punto de perder.
En los 90 minutos, apenas un par de jugadas hilvanadas desde el propio campo. La tenacidad y los buenos movimientos de Stuani, hasta que se le acabó la gasolina demasiado pronto, las pillerías de Acosta, y pare usted de contar. Una presión muy blanda y por las bandas nada. Arana, con su intermitencia, y Munitis, que no le salió nada, y tampoco contaron con los laterales en el dos para uno. Nos faltan jugadores por ver, jóvenes y veteranos, pero el sufrimiento está asegurado.
Si el día que marcas tres goles fuera de casa te vuelves para Santander sin ningún punto es que tienes un problema importante. Es una evidencia indiscutible que seguramente no se le ha pasado por alto a Héctor Cúper, un entrenador sólido y experimentado que después de haber destacado al frente de un modesto como el Mallorca, y de haber disputado títulos con el Valencia y con el Inter, la vida y el fútbol le han reubicado frente al reto menor de mantener en la élite al Racing, ese equipo que cobró una dudosa notoriedad hace sólo unos pocos meses por su célebre y volátil propietario, Alí Syed. Ahora se trata de salvar la categoría con los pocos medios que permite la intervención judicial. Mantenerse en Primera con los frutos de la cantera, con los jóvenes que apuntaron maneras la temporada pasada, con los veteranos que tratarán de exprimir su última esencia, y con la incógnita que suponen los escasos refuerzos.
Faltaba muy poco para el final del primer partido de Liga y el Racing estaba por delante en el marcador frente a un Valencia muy distante de aquel equipo que osaba disputar un trozo de gloria a los dos grandes del fútbol español. Pero en unos pocos minutos Soldado, el gran protagonista del partido, puso las cosas en su lugar y nos apagó la euforia que habíamos alimentado durante muchos minutos. Una derrota dolorosa por lo fulminante e inesperada, que además pone en duda la confianza obligatoriamente otorgada a los jóvenes canteranos, por desgracia siempre más corta que la que se concede a los foráneos.
Y sin embargo, Mestalla nos deja un margen para la esperanza de cara al futuro. Picón, Osmar y Álvaro seguramente van a ir a más bajo la batuta de Cúper. Diop parece dispuesto a ser de nuevo un hombre importante en el medio campo -sobre todo cuando tenga a su lado el oficio de Colsa- y Kennedy, Munitis y Arana pueden aportar opciones para los dos jugadores que seguramente van a decidir el futuro del Racing. Acosta y Stuani. Como siempre, el gol manda.
El futbolista de naturaleza ornamental que a menudo desperdicia la gran oportunidad del partido por un último regate innecesario. El matador que se está gustando una tarde frente a un toro noble y bravo, y apura tanto las series que el animal cansado termina por meterle un puntazo y malograr la faena. El invitado patoso que no está contento hasta que arruina la velada con el enésimo chiste grosero e inconveniente. La carta que el presidente Revilla ha publicado en los periódicos pidiendo a los seguidores del Racing que acudan a Gijón a alentar al Sporting también sale sobrando.
Como si el Racing no recordase la deuda pendiente, como si sus jugadores necesitasen ayuda espiritual para perder esta noche en El Molinón. Como si los sportinguistas votasen el domingo en Cantabria. Hace sesenta años que los clubes manejan el banco de favores con solvencia y con discreción, sin alardes, sin recrearse en la suerte, incluso con el punto de bochorno que merecen estas ocasiones. Los profesionales se manejan muy bien ellos solos. Manolo Preciado vino la temporada pasada a los Campos de Sport, puso a su equipo en el césped y se escondió en el fondo del banquillo hasta que el partido terminó según el guión previsto. A Marcelino le sacaron el tema el otro día y resolvió el trance con un quiebro austero y eficaz: «No puedo pedir más tensión a mis jugadores».
Perder esta noche en Gijón será un gesto de buen pagador, que uno puede aceptar tapándose la nariz, pero no un acto heroico ni la ocasión propicia para colgarse medallas. Llegarse hasta Asturias para comer una fabada y disfrutar de sus bellezas siempre es un buen plan, pero ¿apuntarse voluntariamente a la ‘claque’ de una tragicomedia de dudoso gusto, sin emoción y con final conocido? Eso también resulta excesivo.
Lotina le ofreció a Valerón irse a la ducha hacia el minuto 65 ó 70, ya con 2-0, y el veterano jugador canario, tan castigado por la edad y las lesiones que habitualmente sólo le alcanza para un ratito, le dijo al míster: «Déjeme, que hoy estoy fresco». Y se quedó hasta el final disfrutando de su fútbol de lujo, de los taconcitos y de las palmas de tango de Riazor.
La historieta ilustra un hecho preocupante: El Racing llega a la fase decisiva de la Liga como uno de los equipos más blandos y menos competitivos de todos los que rondan los puestos de descenso. Se vio hace una semana frente al Levante y ayer otra vez. Menos mal que hay un buen colchón de puntos. No estamos acostumbrados a constatar esa falta de espíritu con los equipos de Marcelino. Su excusa tras el partido no es creíble. ¿Sólo tuvo dos ocasiones el Dépor? Todo el mundo vio que Xisco y Lassad remataron cada balón alto que llegó al área con el permiso benevolente de nuestros defensas.
El Racing nos engañó con cinco minutos iniciales de posesión y no tuvo ninguna capacidad de reacción, ninguna, después de los dos goles coruñeses. El segundo tiempo fue de echarse a temblar. Lo único que vimos fue un par de detalles del joven Luque, pero ni siquiera sabemos si salió como revulsivo o para disputar los minutos de la basura. No faltará quien diga que la culpa de la falta de carácter del Racing la tienen los retrasos en el pago de Míster Alí, pero la verdad: resulta una coartada muy poco sólida.Un apunte sobre el p
rimer Clásico que vimos el sábado: ¿Qué sentirán Di Stéfano, Gento, Amancio, Santillana, Zidane y tantos otros viendo a su equipo autoencerrado en campo propio y dando pelotazos frente al Barcelona en el Bernabéu, con Özil en el banquillo para que jueguen Pepe y Khedira en la media cancha? Mourinho quiere ganar al Barça, y tal vez lo consiga esta misma semana, pero como un equipo menor, con un atentado a la gran historia del Real Madrid.
Viene el Levante sin Caicedo y otros seis titulares, instalado en una zona razonablemente cómoda de la tabla, como el propio Racing después de ganar en Cornellá. La permanencia está muy, muy cerca y Alí acaba de prometer en el vestuario que por fin ha sacado la cartera para pagar los atrasos. En fin, la tarde llama a la tranquilidad y a la relajación, a un partidito como el de los entrenamientos de los jueves. El empate final, los dos puntos que vuelan, es el justo castigo a la baja intensidad sobre el terreno de juego.
No se pueden dar más facilidades de las que dio el Levante ayer en El sardinero. El Racing no había creado ninguna ocasión en 45 minutos y se iba al descanso con un gol regalado en el marcador por su rival. Y en la continuación, todavía peor.
El equipo no ha dado una nota, pero todo el mundo aplaude cuando Giovanni se va del césped algo tocado en su partido más discretito, cuando Iván Bolado se retira lesionado después de poner más ganas que brillo y cuando Munitis deja el campo con más errores que aciertos. El rival, desde luego, no ha venido a comerse a nadie, pero si le perdonas primero, y después le das todo el balón y todo el campo para que juegue sin agobios, terminará por presentarse la ocasión, el despiste, el fallo clamoroso y, finalmente, el gol.
Ahí llegamos, por fin, a los dos centrales del equipo. En el Racing casi todo el mundo termina pagando sus errores: Cisma, Pinillos, Cristian y Francis lo hacen cuando cantan atrás (tanto con Portugal como con Marcelino). Ariel, Bolado. Hasta el sueco Rosenberg, cuando ya se aburren de no marcar, Adrián cuando se hace muy evidente su desgana o Kennedy por alguna bobadita en La Albericia. Los centrales tienen estatus especial. Con el burgalés y con el asturiano.
Torrejón, ayer, y Henrique, tantas veces, no siempre pueden esconder sus muchas limitaciones, pero la doctrina oficial es: no hay más centrales. Que no se enteren Osmar y Álvaro.
Giovani otra vez. El mexicano es hasta la fecha un cheque al portador para este Racing. Incluso ayer, que estuvo muy desasistido y sin la chispa y la salida en velocidad de otros días, quizá cansado por la gira americana. En el segundo tiempo tocó tres balones: una ocasión abortada por Kameni, una buena asistencia a Kennedy y un gol de ratón del área que vale tres puntos de oro, como hace dos semanas frente a la Real. Rentabilidad máxima.
Dice Marcelino que ayer no hubo bronca a los jugadores en el descanso. Pero el caso es que se la merecían porque los primeros 45 minutos fueron tan malos como el peor partido de la ‘era Portugal’. Sin balón, sin presión, sin bandas, el equipo echado atrás, apático en todas las líneas, dos delanteros a verlas venir y un agujero en cada lateral, que deja muchas dudas sobre la anunciada renovación de Pinillos y sobre la calidad defensiva de Cisma, que sólo luce cuando ataca. Lo del penalti tiene mucha tela.
El Espanyol es sexto en la Liga con mucho mérito, pero ya no es el equipo intratable en Cornellá de la primera vuelta. En cuanto el Racing tomó la decisión colectiva de dar un paso adelante se vieron las carencias y las dudas blanquiazules. Colsa se animó por primera vez a pisar el área y resolvió con categoría un barullo, y luego Giovani les noqueó. Así de fácil, sin respuesta. La grada terminó abroncando a los de casa.
Marcelino hizo más cambios de los que serían previsibles después de ganar en casa y con quince días de parón. No hubo mejora. Como pasa siempre, Henrique tiene más margen que Osmar, que no fue ni convocado. Kennedy, después de su mejor partido en mucho tiempo, se quedó en el banquillo castigado por alguna indisciplina táctica en el entrenamiento y a Iván Bolado le tocó la peor fase del Racing y no aprovechó su oportunidad. Esta vez tampoco fue la tarde de Adrián, que sólo las quiere al pie y desaparece en el combate. Quizá tenga talento futbolístico, pero con tan poca garra es muy difícil competir en la élite.
Qué bajón. Uno de esos partidos que cabrean justificadamente a los racinguistas de pro, como el querido Julián Pelayo que acaba de dejarnos. Nos espera casi en el fondo de la tabla el Osasuna, el ‘momio’ de las últimas temporadas en el Reyno de Navarra, sin sus dos máximos puntales, Pandiani y Aranda, y nos da un repasito sobrado y sin excusas, tanto que cuando se queda con diez jugadores el último cuarto de hora nadie se da cuenta. O sea, la prueba del nueve de un equipo poco competitivo, entregado al rival. El peor partido de la ‘era Marcelino’ con el aporte inesperado del propio entrenador desde el banquillo.
Giovani, el joven mexicano de inquietante biografía, ha sido desde que llegó en el mercado de invierno el jugador más determinante del Racing. Frente al Real Madrid nos demostró, además, que estaba para ser titular, para jugar de sesenta minutos para arriba, no sólo para desequilibrar el partido cuando su físico incierto podía competir con el desgaste de los rivales. Ayer Marcelino le reservó otra vez en el inicio y nos pasó lo que nos tenía que pasar alguna tarde: cuando salió a jugar el partido ya estaba totalmente perdido.
Unos pocos minutos del viejo Racing y se acabó: el barullo y el desconcierto general, los agujeros, el ímpetu sin cautela de Christian, dos a cero. A Colsa, a Lacen y a Munitis ni se les ve, Francis sustituye a Kennedy, pero en ataque no se nota nada y en defensa tampoco, porque ahí estaba de nuevo Henrique para firmar la enésima cantada de la campaña, sin que hasta la fecha le haya pasado factura.
Ariel se va sin aparecer y Rosenberg marca esta vez, pero como suele, el gol no sirve de nada, como no sea para prolongar su margen de titularidad regalada una semana tras otra. El entrenador se rinde y saca a Diop más que nada para que se acuerde que está en la plantilla. Perder frente al Madrid es lo propio del fútbol, y nadie se lo ha tomado a mal; salir derrotado en Pamplona es otra cosa. No es lo que esperábamos del Racing de Marcelino.

